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Tardaron hasta el atardecer del día siguiente, los miembros de la familia en darse cuenta de lo que le había ocurrido. Las ocupaciones de cada uno habían provocado esa demora.
Su rigidez era más que cadavérica, su cuerpo era casi como una estatua de mármol, al tiempo que todas sus funciones se mantenían como si nada le hubiera ocurrido.
Su mirada estaba perdida y no se sabía si tenía pensamientos.
Así estuvo en el Centro de Terapia Intensiva, al control de monitores, durante 99 dias hasta que ocurrió lo inesperado. Comenzó a mover la mano izquierda como si estuviera digitando a gran velocidad.
Luego de todos los intentos que se ensayaron para saber de que se trataba, se le colocó por ocurrencia del limpiador, un teclado bajo la mano y sobrevino la gran sorpresa cuando comenzó a digitar y aparecieron en pantalla exactamente una densa cantidad de las cifras del número pi, precedidas de una frase “ presten atención al algoritmo del 4…”
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