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Y si existe el gobierno de los números....y las cosmogonías se dejaron asomar alguna vez y acaso hubieran ofrendado una ecuación que pudiera regir la vida de los mortales, era entonces que la ecuación de esa vida, en ese instante, tenía absolutamente indeterminadas a todas sus variables.
Lejos de su lugar, en una habitación de hotel, en soledad total, la única certeza que tenía era que llegaba, inexorablemente se acercaba, la circunstancia en que ...tendría que tomar la decisión. El transcurrir del tiempo no jugaba en su favor..
El zapping era tan imperinente, que los avisadores, los deportistas, los informantes, las catástrofes, los accidentes, los alpinistas, los animales de las profundidades del mar, la ciencia y la tecnología, los guerreros, los vampiros,los culebrones, las modelos, los cocineros, el bricolage,los magos, todos parecían pedirle, rogarle por favor antes que oprimiera nuevamente ch+, por un mínimo de paciencia para que se dejara tan solo por un instante, intentar seducir por algún programa de la tv satelital, pero no hubo caso.
Desde afuera escucho el zumbido indiferente y ajeno de los neumáticos en el pavimento citadino. También se colaron junto con las luces fantasmales que se deslizaban a través de las persianas por la pared, otros sonidos urbanos, y dando un salto de la cama al parquet, decidió salir, sin rumbo en busca de no sabía bien o en absoluto qué.
Se vistió con movimientos violentos, que hacían peligrar la integridad de las telas, el encastre de los cierres, los botones y las costuras.
Cerró la habitación 853, y no hubo paciencia para esperar al ascensor, llegaban nuevos pasajeros con valijas que estaban descubriendo y comentando todo lo que ya conocía. 45 segundos eran demasiado para su estado de calma desesperación, así que bajó las escaleras al ritmo de un martillo neumático.
Entregó las llaves al tiempo que el conserje decía algo que fue contestado con toda naturalidad y que al instante dejó de recordar para siempre.
El exterior frío, seco, le ofreció una cierta sensación de hospitalidad, curiosa sensación para todo lo que le había precedido, y comenzó a caminar, por cierto sin rumbo, y con una nueva certeza, cual era la de que no existía ninguna probabilidad de haber participado jamás en ninguna de las historias de la vida de todos los transeúntes que se le cruzaban, exhalando vapor blanco en la mañana helada. Su soledad era absoluta y total.
Cuando luego de interminables vericuetos llego al Gran Almacén no dudó un instante y supo que tenía que ingresar al edificio de 5 pisos que ocupaba una manzana entera, y donde se podría comprar todo lo que una persona pudiera necesitar para vivir el resto de su vida sin pasar necesidades de ninguna especie.
El Gran Almacén ofreció contención. Los perfumes, los colores.las luces los escaparates, las escaleras mecánicas revestidas con todos los componentes de madera que pudieran admitir, los rostros, y las secciones de hombres, damas, niños deportes, calzados, camping, música, libros, electrónica, perfumería, todo tan inteligentemente dispuesto para gastar con felicidad, ofrecía cobijo.
Al llegar al segundo subsuelo, en el área de alimentos y luego de atravesar por una zona de intenso olor a ahumado, algo le llamó poderosamente la atención.
Como un injerto y como si hubiera sido ubicado exclusivamente a su entera disposición, se encontraba parado detrás de un mostrador con exhibidor..... el vendedor de cuchillos.
Todo en el era singular, la camisa con moña, su peinado a la gomina, sus ademanes, el tono de su voz, pero sobre todo su pregón y más precisamente la mirada que lo acompañaba, profunda cómplice y levemente desfasada de sus palabras , dejando adivinar o por lo menos llevando a inferir que si bien estaba siguiendo un libreto aprendido repetido una y mil veces , había un torrente de pensamientos que le estaban siendo dedicados, direccionados, hipnóticamente en exclusiva y por algún motivo muy especial que no podía adivinar.
Le ofreció en su orden facas, facones, jamoneros, bayonetas, patateros, dagas, puñales, divers, bowie, de caza, opinel, sabatier, paneros, quesero,hasta que su mirada se posó sobre una pieza muy particular. La hoja era de cerámica blanquecina y la empuñadura que era de marfil; lucía tres piedras ambar engarzadas y alineadas según el recorrido de las líneas de la palma de la mano. Estaban coronadas por dos letras mayúsculas talladas, una A y una R entrelazadas de la forma mas armónica y original que persona alguna hubiera podido imaginar. Parecían estar danzando como una sucumbiendo a los encantos de la otra. Se trataba de un kukri del Nepal y no dudo un instante en adquirirlo.
La mirada del vendedor de cuchillos al ver como se alejaba con el arma dentro de su estuche, confirmaba su convicción de que era esa la pieza que iba a comprar…………..
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